
Henry Rivas
En el presente trabajo se intentará una concepción panorámica las concepciones políticas e ideológicas que propone José de La Riva Agüero desde la Literatura hacia la Política, para ello abordaremos dos puntos esenciales.
a) El movimiento arielista como protagonista del pensamiento político peruano.
b) “Paisajes peruanos”, una propuesta de discurso totalizador
A. El movimiento arielista como protagonista del pensamiento político peruano
Existen algunos estudios sobre el pensamiento político peruano ligado a literatura. Si embargo, son, en su mayoría, muchos los intelectuales que, ligados al arte literario, renovaron o impulsaron un cambio ideológico-político en nuestro país. Consideramos que el movimiento arielista a principios del siglo veinte forma parte importante de este proceso. Este grupo estuvo constituido por Víctor Andrés Belaunde (Arequipa 1883-Nueva York 1966), José de la Riva Agüero (Lima 1885-1944), José Gálvez (Tarma 1885- Lima 1957) y los hermanos Ventura (París 1886-1959) y Francisco García Calderón (Valparaíso 1883- Lima 1953).

Estos intelectuales provenían de una clase social privilegiada, con un prestigio, sobre todo, entre la sociedad conservadora. El nombre “arielista” proviene del libro Ariel del ensayista uruguayo José Enrique Rodó[1](1900), que tuvo una resonancia continental importante.
No obstante, el nombre no es inventado por Rodó sino que es tomado por éste del personaje mitológico de la obra de Shakespeare La Tempestad. El pensador Arturo Andrés Roig resume así la trama:
“Calibán es el natural de una isla que bien puede ser, como lo han probado Roberto Fernández Retamar, una de las tantas que integran el mar del Caribe. Próspero es el conquistador que lo ha sometido y lo ha sumergido en las tareas más pesadas y burdas del trabajo. Gracias a eso, Próspero, con la ayuda de Ariel, personaje alado, puede dedicarse al ocio, es decir, a la vida propia de la cultura espiritual. El pago que recibe Calibán por sometimiento consiste no tanto en los alimentos mediante los cuales subsiste, sino en la recepción de esos valores esenciales que integran la vida del espíritu, supremos para el amo”[2].
Metafóricamente Ariel fue identificado a inicios de siglo, con la cultura latina: idealista, espiritualista, afincada en valores imperecederos, mientras que Calibán terminó representando a EE.UU: materialista, tosca, sin espiritualidad, elemental.[3]
Esa tipología de materialismo norteamericano como ideología aparecía como una amenaza para la cultura latina a comienzos de siglo XX. Debe, entonces, ocurrir una contrapropuesta de parte del hispanismo a esa ideología e idiosincrasia de los Estados Unidos. Para Carlos Real de Azua Ariel fue básicamente un escrito de propaganda del optimismo y juvenalismo[4].
Algunos pensadores peruanos tomaron estas ideas, no literalmente, pero sí en su esencia general, pues la industria y al desarrollo económico no podían menospreciarse, más si el desarrollo peruano o latinoamericano no iba a la velocidad del país del norte. La “Gran industria” no poseía en Latinoamérica la vitalidad y expansión del norte. Así los arielistas peruanos asumen la lucha contra el imperio norteamericano, también el valor mestizo y la valoración del intelectualismo aristocrático de la inteligencia.
Esta será la partida para el intento de un pensamiento político nacional. Por otro lado, no se puede afirmar que no existieron intentos individuales o colectivos importantes bajo esta misión. Manuel González Prada es importantísimo, también Bartolomé Herrera y algunos de la emancipación como Hipólito Unanue y José Faustino Sánchez Carrión.
Sin embargo, si hablamos del arielismo debemos señalar algunas características esenciales como la consolidación del pensamiento hispanista, y de la cultura latina en términos generales. La intención primigenia era promover un distanciamiento de la cultura pragmática y materialista de los Estados Unidos.
El proyecto arielista entonces, estaba basado en los aspectos:
a) Social: La clase educada incluía también a la clase media.
b) Política: La reforma del Estado
c) Cultural: El mestizaje
d) Ideológico: El cristianismo
Este proyecto debía ser dirigido por una aristocracia intelectual y la orientación básica era conciliar los extremos de la sociedad.
A comienzos de siglo XIX, la clase intelectual buscaba un pensamiento integracionista luego de La Guerra del Pacífico y de la amputación de nuestro territorio.
El comunismo y el APRA no podían conjugar sus ideologías con los intelectuales de la clase acomodada y cristiana, la clase conservadora tenía que asumir un rol de cambio y evolución, un paradigma humanista; pero lejos de los partidos tradicionales o populares- dictatoriales. Las reivindicaciones sociales propuestas por los partidos tradicionales no sedujeron a esta clase acomodada intelectual.
El periodo de mayor producción y reflexión de esta generación se dará de 1900 a 1932. Su propuesta no fue dirigida principalmente al estamento popular sino por el contrario al estamento aristócrata y dirigente; pero éste, desconfiado del poder intelectual y con un cierto menosprecio- ya que lidiaba con sus intereses- no apreció las probables soluciones y postulados de esta brillante generación.
Hugo Neyra[5] haciendo un balance de las ideas importantes del pensamiento político peruano se pregunta por qué no existen propuestas ambiciosas de parte de intelectuales después de Mariátegui.
Para Macera[6] el concepto clave para entender a las generaciones— es el “desclasamiento”. Que es la negación de su origen de clase por parte de los intelectuales y la búsqueda de otras clases que no son las suyas, buscando representarlas. Esta trasmutación a veces suele ser positiva, como en el caso de Haya de la Torre, pero también ridiculizada si el intelectual o político sufre las veleidades de la frivolidad o el poder.
La crítica que le hace Mariátegui al grupo y particularmente a Riva Agüero tiene una carga principalmente ideológica y exagerada, el desdén es principalmente a la posición de clase, considerándolos pensadores tradicionales y feudales.
[7] “Aunque es un trabajo de su juventud, o precisamente por serlo, el Carácter de la Literatura del Perú Independiente traduce viva y sinceramente el espíritu y el sentimiento de su autor. Los posteriores trabajos de crítica literaria de Riva Agüero, no rectifican fundamentalmente esta tesis. El Elogio del Inca Garcilaso por la exaltación del genial criollo y de sus Comentarios Reales podría haber sido el preludio de una nueva actitud. Pero en realidad, ni una fuerte curiosidad de erudito por la historia inkaica, ni una fervorosa tentativa de interpretación del paisaje serrano, han disminuido en el espíritu de Riva Agüero la fidelidad a la Colonia. La estada en España ha agitado, en la medida que todos saben, su fondo conservador y virreinal (…) Ninguna de estas leales comprobaciones de estudioso, anula empero el propósito ni el criterio de la obra, cuyo tono general es el de un recrudecido españolismo que, como homenaje a la metrópoli, tiende a reivindicar el españolismo "arraigado" del Perú.
Discuto y critico preferentemente la tesis de Riva Agüero porque la estimo la más representativa y dominante, y el hecho de que a sus valoraciones se ciñan estudios posteriores, deseosos de imparcialidad crítica y ajenos a sus motivos políticos, me parece una razón más para reconocerle un carácter central y un poder fecundador. Luis Alberto Sánchez, en el primer volumen de La Literatura Peruana, admite que García Calderón en Del Romanticismo al Modernismo, dedicado a Riva Agüero, glosa, en verdad el libro de éste; y aunque años más tarde se documentara mejor para escribir su síntesis de La Literatura Peruana, no aumenta muchos datos a los ya apuntados por su amigo y compañero, el autor de La Historia en el Perú, ni adopta una orientación nueva, ni acude a la fuente popular indispensable.
Para Pedro Planas[8] el arielismo peruano ha sido tradicionalmente relegado de los análisis intelectuales y políticos hasta hace muy poco. Esto se da luego de la irrupción violenta de los centenaristas, por Leguía y por la valla que representó la propia oligarquía, obligándolos a retroceder hasta desvirtuar y desechar sus planteamientos iniciales. Desde ese momento son reemplazados por figuras como Mariátegui y Haya. Podemos entender esta situación como un veto para los pensadores de principios de siglo.
Para Julio Cloter[9] en “Historia del Perú” de José de la Riva Agüero, “El Perú contemporáneo” de Francisco García Calderón, “Meditaciones Peruanas” de Belaunde, son estudios que intentan por parte de una burguesía ilustrada insertar definitivamente al Perú en el mundo occidental y cristiano.
Pablo Macera señala que tanto Riva Agüero como Belaunde, debido al fracaso de las clases dominantes en su intento por dirigir la sociedad peruana de su tiempo asocian Historia y Política para “monopolizar” el descontento y la frustración que se gestaba en la sociedad.[10]
Lo que podríamos preguntarnos entonces es si existía en realidad una relación entre la clase dominante y estos intelectuales, para Basadre esa relación nunca se pudo concretar, ya que el diagnóstico y la imagen que retrataron estos fue duramente criticada por los núcleos de poder. Basadre cree que los intelectuales fueron más allá de la clase y ahí reside su fracaso histórico: fueron prescindibles dentro de una manera de entender el poder, sostenido más en la violencia que amparado el consenso y la persuasión. Para Basadre [11]son intelectuales “socialmente desligados”.
Sinesio López[12] también intenta una revaloración de la generación arielista, detalla en un ensayo su agudeza para percibir la necesidad de preguntarse por sobre la identidad nacional y los análisis de ciertos aspectos de la realidad peruana.
Para Luis Loayza[13], centrando su punto de vista en el literario y en Riva Agüero, afirma con justa razón que los izquierdistas deberían leer a Riva Agüero y García Calderón.
B) “Paisajes peruanos” de José de La Riva Agüero, una propuesta de discurso totalizador
El libro “Paisajes Peruanos”, de José de la Riva Agüero[14] forma parte del llamado canon literario, de esa intelectualidad letrada que intentaba comprender, interpretar y proponer un discurso totalizador del Perú de inicios del siglo “Paisajes Peruanos” termina asociando la delimitación territorial con la definición de las identidades sociales desde la autoridad letrada.
José de la Riva Agüero la escribe a raíz de su muy comentado viaje del Cuzco a Huancayo en1912, viaje que hizo alomo de mula. El libro se publica recién en 1955. Muchos capítulos que la componen fueron apareciendo en algunas revistas. Esta primera edición, que contiene un excelente estudio preliminar de Raúl Porras Barrenechea, fue preparada como un homenaje para su autor en el XI aniversario de su muerte.
Para Porras “Paisajes Peruanos” “…guarda como nota distintiva de su de su momento anímico, la riqueza y vigor del pensamiento, su lozanía y salud y, como correlativa entre ellas, la recia contextura de leprosa enhiesta y viril, que pasa de la sencillez y llaneza clásicas a la ardentía y la audacia románticas del color y de las imágenes de algunos trozos de evocación histórica o de descripción del paisaje, de singular maestría. Por tales títulos, marcan estas páginas, acaso una de las más excelsas horas de nuestra literatura y el apogeo espléndido de uno de los más grandes escritores del Perú de todos los tiempos”.
Víctor Vich[15] hace una lectura de este libro analizando los temas del territorio, identidad y nación, tomando principalmente como eje la función política y social que perseguía José de la Riva Agüero, partiendo desde la literatura hacia la política y las propuestas de los cambios sociales. En este texto literario se intenta inscribir a la sierra dentro de un estado que se calificaba de centralista y que necesitaba construirse. Las características formales de “Paisajes Peruanos la componen relatos históricos, estéticos, políticos y nacionales. Este discurso que aprecia la descripción paisajista y geográfica en la que el intelectual se involucra toma como referencias, para Vich, los siguientes puntos:
— La figura del intelectual: Encontramos en algunos postulados de Manuel Gonzáles Prada la discusión sobre la función del Intelectual. Podemos revisar el capítulo “El intelectual y el obrero”en Horas de Lucha donde nos afirma que el intelectual debe tener una función social, de cambio, de progreso. En esos puntos coincide la generación arielista, sus postulados pudieron ser solo revisionistas o reformistas y ha mirar la realidad desde una perspectiva tradicional pero de cambio, de evolución y sobre todo de adaptación y frente al futuro y los cambios que se suscitaban en el contexto latinoamericano y mundial. Recordemos que salíamos de una guerra traumática y que heredaba a la nueva sociedad un espíritu derrotista y pesimista. También revanchista entre los discípulos de González Prada.
La función del trabajo intelectual de Riva Agüero sería mantener su posición de postular el conocimiento humanista a la solución de los conflictos nacionales pesar de que el pragmatismo ya comenzaba a instalarse en la época.
En “Paisajes Peruanos” encontramos el sentido de la figura del intelectual, pues es el intelectual el que tiene una mirada descubridora, fundadora. La visión del narrador del texto teje su voz a base de la rica tradición de los cronistas de la conquista, la visión será pues no la fidedigna y actual que posee ese territorio; sino la heredad de tantos siglos de predominio occidental. Entonces el objetivo del libro será la predominancia del pensamiento occidental y su misión descubridora de ese Perú oculto y desconocido. La colonización de todo ese territorio debe partir desde la sociedad letrada. Luis Loayza[16] nos dice al respecto:
“Riva Agüero había publicado célebres artículos periodísticos y además había sido el fundador del Partido Nacional Democrático cuya desaparición fue instantánea debido a la vaguedad de sus propuestas y a un cerrado culto de la autoridad”.
“...así es que, en mi rápida travesía, pude con los recuerdos de las recientes lecturas, evocar aquel famoso encuentro en el que la flor de los conquistadores del Perú vengó la muerte del Márqués Pizarro (Riva –Agüero 1955:109)
Reconocemos entonces en el párrafo citado que conocer a Riva Agüero en “Paisajes Peruanos” es reconocer sus lecturas anteriores y su tradición y su cultura. El letrado será entonces el centro del poder, el mediador entre el Estado y la Nación[17]
— Visión de la historia: “Paisajes Peruanos” de Riva Agüero posee un carácter fundacional de la historia. Sin embargo, la voz de ese grandioso mundo andino estará supeditada a la construida por los descubridores españoles. La perspectiva mestiza no podrá reservar un plano de significado por igual a ambas culturas. La cultura española y cristiana propone un discurso unificador con el conquistado, pero solo desde su mirada y núcleo de poder, aunque no se busque una confrontación directa.
“Podría reanimarse con el establecimiento de una cátedra de filología quechua en la universidad del Cuzco, que a más de la gramática y la onomástica, estudiara el folklore indígena, explicara los textos del Ollantay y el Usca Paúkjar, los sermones de Avendaño, y las composiciones del Lunarejo (Espinoza Medrano) documentos literarios cuyos términos y giros van haciéndose arcaicos y requieren interpretación especial; y procurara en fin rastrear, a través de la prosa e Betanzos, Pachacuti Salcamayhua y Huamán Poma de Ayala y otros analistas, los fragmentos épicos que compendiaron o vertieron (Riva Agüero 1955:84).
Para Riva Agüero la República será el gran fracaso del proyecto nacional. Tanto el pasado incaico como el colonial se muestran, sumamente, superiores.
— Construcción del paisaje: Riva Agüero admira la sierra peruana con una prosa maravillosa, esta contemplación le hace creer que es desde este espacio donde se puede reconstruir la idea de patria. La narración, casi poética, está ejecutada con un poderoso acto memorioso y casi vivo. En las páginas de “Paisajes peruanos” no solo se describe la sierra colorida y exótica peruana, sino que, también, los personajes que han vertido su sangre en la epopeya de la conquista; estos, conviven a cada paso sincretizados en los ojos de un narrador que los conoce de sus lecturas memoriosas. En su descripción del río Apurímac, por ejemplo:
“Cantado por los poetas, cruzado por los incas y libertadores, testigo de las guerras y disensiones de la conquista, eje de toda muestra historia, inviolado por la invasión chilena, es el gigante voz de la patria, el sacro frío de los vaticinios…” (Riva Agüero 1955:44).
— Imágenes sobre los indios: lo curioso en este discurso es que si Riva Agüero propone el mestizaje cultural por qué casi no existen diálogos con los habitantes de los andes. Para Flores Galindo[18]: ”La erudición no le permite descubrir a los hombres que habitan esos territorios. La sierra sin indios. El paisaje vacío”
Para la clase dominante de ese entonces era precisa la diferencia entre Incas e indios contemporáneos. Existe entonces en Riva Agüero casi una motivación (quizás más bien subjetiva) de no querer reconocer en estos indios a los indios contemporáneos que la tradición española en sus crónicas nos relata sobre los incas. La valoración yacerá en lo que pudieron parecerse en el pasado a la cultura occidental.
“Oigo la misa mayor en el banco del presbiterio. En la nave baja se arrodilla la muchedumbre indígena, maloliente y andrajosa. Hay indias ancianas, desgreñadas, de rostros apergaminados, de misérrimos trajes que rezan con increíble fervor y a cada instante besan el suelo.” (Riva Agüero 1995: 51).
Esta consideración de detenimiento en la descripción de los indios solo desde un carácter peyorativo, nos induce a la conclusión de que esta sociedad “superior” letrada construye una inferior en base a los indios.
Esta ha sido la lógica en la construcción del imaginario peruano.
Recordemos que Riva Agüero fundará un partido político: Partido Nacional Democrático. Lo que pretende Riva Agüero es la mirada del intelectual con una clara intención de que ésta, a través del intelectual sea una mirada desde el poder:
“El elemento educado y superior del país debe inclinarse hasta el indio ya que éste no tiene fuerzas para subir hasta él”. El viaje asignará el espacio nacional, un lugar de asignación de roles sociales.
Con este hermoso libro literario Riva Agüero dibuja un mapa, el constructo de un estado moderno. A través del relato se intenta una visión unificadora para que todos se sientan incluidos. La revisión que hace nuestro escritor de las crónicas para un doble recorrido por esa geografía viene de la tradición que aparece desde la llegada de los españoles y su propia visión estructurada por su perspectiva grecolatina. Riva Agüero nos convoca a un redescubrimiento de nuestra geografía y cultura andinas; pero desde su visión tradicionalista que parte de la cultura hispana como una propuesta hegemónica y canónica para entender nuestro país.
Finalmente, la propuesta unificadora de “Paisajes peruanos” fracasa como intento de conjurar las culturas bajo una mirada única y excluyente: la española. No obstante, por el lado estético –literario, nos encontramos con una de las creaciones más hermosas que se han escrito sobre el Perú, un proceso memorioso y literario que, aún en nuestros días, puede leerse con el deleite de una epopeya maravillosa contada por un conquistador erudito de cuatrocientos años.
BIBLIOGRAFÍA
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— Vich Víctor: Vicisitudes trágicas: territorio, identidad y nación en los Paisajes Peruanos de José de la Riva-Agüero y Osma. Revista Andina. No34, enero 2002.
[1] José Enrique Rodó (1871-1917) autor de “Motivos de Proteo”.
[2] Roig, Arturo Andrés: Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano, F.C.E., México, 1981,p.51.
[3] Para Retamar esta interpretación es inversa pues “Nuestro símbolo no es pues Ariel, como pensó Rodó, sino Calibán. Esto es algo que vengo con particular nitidez los mestizos que habitamos estas mismas islas donde vivió Calibán: Próspero invadió las islas, mató a nuestros antepasados, esclavizó a Calibán y le enseño su idioma para poder entenderse con él: ¿Qué otra cosa puede hacer Calibán sino utilizar ese mismo idioma —hoy no tiene otro—para maldecirlo, para desear que caiga sobre él la “roja plaga”? No conozco otra metáfora más acertada de nuestra situación cultural, de nuestra realidad”. Tomado De: LAUER, Mirko; “Lo yanqui, revés de lo latino. La madre de los estereotipos”. En: Debate No. 67, Año XIV, Dic. 1991- Feb. 1992.
[4] Real de Azua, Carlos; “Prólogo” a Rodó, José Enrique; Ariel y Motivos de Proteo, Biblioteca Ayacucho, Caracas, Venezuela, 1976.
[5] Neira, Hugo: “Y después de Mariátegui ¿qué?. En : José Carlos Mariátegui en su textos. T. II. Ed. Peisa, 1973, pp. 137-187.
[6] Macera, Pablo; Trabajos de historia. T.1, Facultad de Ciencias Sociales. UNMSM-G. Herrera editores, segunda edición facsimilar, 1988,pp. XV-XXI.
[7] Mariátegui, José Carlos: 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana El Proceso de la Literatura. Editorial Minerva, Lima. 1978
[8] Planas, Pedro: “Hacia un rescate generacional el pensamiento de Víctor Andrés Belaúnde”, “Epílogo” al Tomo I de Belkaunde, V. A.; Obras completas, Edicion de la Comisión Nacional del Centenario, 1987, pp. 205-231.
[9] Cotler, Julio; Clases, Estado y nación en el Perú, IEP, 1978, p. 159.
[10] Macera,P.; “La Historia en el Perú; ciencia e ideología”. Op. Cit,pp. 3-4..
[11] Basadre, Jorge: “realce e infortunio de Francisco García Calderón” “Ensayo Preliminar” a: García Calderón, Francisco; Juan Mejía Baca y Villanueva editores, 1954. Ed. Taller, 1978.
[12] López, Sinesio; “La generación de 1905”. En : Adrianzen, A. (Editor); Op. Cit., pp. 151-160.
[13] Loayza, Luis; “Riva Agüero en los 7 ensayos” (aparecido originalmente en Hueso Húmero, No. 2, 1979.p. 73). En: Loayza, Luis; Op. Cit., p.96.
[14] Riva Agüero, José. “Paisajes Peruanos”Primera edición. Imprenta Santa María. Lima, 1955..
[15] Vich Víctor: Vicisitudes trágicas: territorio, identidad y nación en los Paisajes Peruanos de José de la Riva-Agüero y Osma. Revista Andina. No34, enero 2002.
[16] Loayza, Luis. Sobre l 900. Página 67. . Hueso húmero ediciones. Lima 1990.
[17] Vich, Víctor.. Vicisitudes trágicas …Pág.. 126.
[18] Flores Galindo, Alberto: Buscando un Inca: identidad y utopía en los Andes. 1988. Lima: Horizonte.
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